Ciudad Perdida

Ciudad Perdida (Lost City Trek, en inglés) es un tour en la selva de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde se visita el sitio arqueológico de los indios tayrona. Fue abandonado durante la llegada de los españoles y redescubierto en 1976 por un grupo de arqueólogos.

Hay alrededor de seis empresas que ofrecen el tour desde Santa Marta; nosotros la hicimos con Turcol, super recomendable. Habíamos reservado la excursión vía mail antes de viajar y una vez en Colombia coordinamos para que nos pasen a buscar por Taganga, en el Hostel La Tortuga, donde nos estábamos hospedando.

La excursión tiene un valor de 700000 COP, en enero 2016 fue el equivalente a unos USD200. Hay posibilidad de hacer el tour en 4 o 5 días, y también en 6 días con un valor un poquito más alto. Nosotros hicimos la de 5 días.

Nos llevaron desde la oficina de Turcol en Santa Marta hasta El Mamey, donde luego de almorzar empezamos a caminar. El primer día caminamos alrededor de 5km entre subidas y bajadas disfrutando de un paisaje increíble. Antes de llegar al campamento paramos en una fosa a nadar en el agua trasparente y rodeados de pececitos.

Al llegar al campamento elegimos nuestras hamacas —cada una con su red para protegernos de los mosquitos, y una manta para taparnos, ya que a la noche baja un poco la temperatura—, nos bañamos, cenamos y luego de tomar unas cervezas nos fuimos a dormir.

Las caminatas empiezan muy temprano, y como en toda Colombia atardece a las 18hs, en seguida se hace de noche. Con el paso de los días empezamos a sentir el cansancio en el cuerpo, así que cada vez nos íbamos a dormir temprano con más facilidad.

El paisaje va cambiando a medida que vamos ascendiendo la montaña. Pasamos por varios ríos y arroyos, cruzamos puentes de hierro y algunos más pequeños de madera, nos cruzamos con vacas y caballos, gente que se nos adelantaba y otros que hacían el camino inverso, ya de regreso.

La segunda noche dormimos en una cama cerrada con mosquiteros. Es un poco más cómoda que la hamaca, pero el colchón había absorbido la humedad, así que el olor no era tan agradable.

El tercer día fue el más duro. Comenzamos con una subida muy empinada que parecía que nunca nunca se iba a acabar. El guía me ayudó con la mochila para que el ascenso me fuera más liviano. Después el camino se hizo plano, y luego vinieron las bajadas. Cruzamos un río donde el agua nos llegaba hasta los tobillos así que todos nos sacamos los zapatos de trekking para no mojarlos. Tuve miedo de tambalear y caerme.

me caí

del susto abrí la mano y se me soltaron los borcegos, que empezaron a nadar corriente abajo.

me apuré y los agarré, sintiendo una mezcla de alivio por el rescate y de incomodidad porque los iba a tener que usar mojados.

El escenario del terror. Yo soy la que está sentada, con la gorra rosa

Luego caminamos unos quince minutos más y llegamos al campamento. Almorzamos, nos metimos al lago y descansamos. Nuevamente dormimos en una cama con olor a humedad.

El cuarto día amanecimos con una felicidad que nos invadió el cuerpo: finalmente íbamos a subir a la Ciudad Perdida.

El plan de ese día era subir hasta Ciudad Perdida y después volver al mismo campamento para almorzar, entonces pudimos dejar las mochilas y emprender la caminata libres de carga. Caminamos unos 25 minutos hasta la escalera y ahí empezamos a subir los 1200 escalones que nos llevarían a la Ciudad Perdida. Confieso que cuando escuché el número de escalones me quise quedar abajo, también confieso que el pie no me entraba en los escalones, y que todos los mosquitos del mundo estaban allá arriba esperando para comernos.

Mil doscientos escalones

Lo que sentí al llegar fue tan mágico y sorprendente que me olvidé del cansancio, de los mosquitos y del calor, y me llené el cuerpo de verde. Arriba todo es de ese color. Son 35 hectáreas de puro verde, de las cuales solo recorrimos 5.

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Nos quedamos un buen tiempo arriba, conectando con la naturaleza, recibiendo con alegría los rayos de sol, y comiendo unos snacks, bajamos hasta el campamento y allí almorzamos. Ese día caminamos hasta llegar al campamento donde habíamos pasado la segunda noche, pero no dormimos en camas (¡menos mal!). Había tanta gente esa noche que no alcanzaban las camas para todo el grupo, así que nuestro guía nos consiguió dormir en hamacas.

El último día fue el más largo. Caminamos desde el campamento donde habíamos pasado la segunda noche hasta el inicio, en El Mamey. Si bien salimos muy temprano, en seguida el sol nos empezó a pegar duro y la caminata se volvió muy pesada.

Como el camino de ida es el mismo que el de regreso, todos nos fuimos sorprendiendo de lo que habíamos caminado los días anteriores: las subidas que ahora eran bajadas, los caminos resbaladizos, los ríos que tuvimos que cruzar, el paisaje.

Al llegar a El Mamey nos esperaba el almuerzo listo y unas cervecitas bien frías para brindar por estos cinco días de caminata y felicidad.

Destacados de la excursión

  • El ascenso a Ciudad Perdida y la recorrida
  • Poder bañarnos TODAS las noches
  • Los ríos en los que nos pudimos meter
  • El grupo maravilloso y el guía que nos tocó. Sin duda hicieron que la experiencia fuera increíble!
  • La comida, super abundante y deliciosa

El recorrido, al igual que toda Colombia, es seguro, y para hacer la excursión no es necesario vacunarse contra la fiebre amarilla. Sin dudas recomiendo visitar Ciudad Perdida, es una forma muy agradable de conocer el norte de Colombia, y de conectar con la naturaleza.

Antes de planear el viaje es mejor chequear con alguna de las agencias que ofrecen el tour, ya que hay un momento en el año en el que cierran el camino durante un mes para la purificación de la montaña. Suele ser entre julio y agosto, pero la fecha varía año tras año.

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K de 1ºK

Hace un año y medio que vivo en el 1ºK.

Durante veintiséis años viví con mis papás, mi hermana y mi perro. Hace un año y medio que ya no vivo con ellos. Hace un año y medio que vivo con otra persona, en otro espacio, en otro barrio.

Hace un año y medio que estoy creciendo mucho.

Estoy construyendo un hogar día tras día. Desde mi lugar en el placard, hasta las especias que uso para cocinar. Todo es mío, y de él también. Todo es nuestro. Las mañanas, los desayunos, las risas, los programas que vemos, las canciones que bailamos, los abrazos en la noche, los baños que tomamos.

Todo es compartido, y a la vez individual. Lo veo danzar a su ritmo, a veces lo agarro de la mano y bailamos juntos, otras veces disfruto de sentirlo cerca. Creo y recreo mi danza, mi música, mis letras. No hay líneas fijas que dividan el campo de uno y del otro. En esta silla cuelgo mi ropa, y también la de él. En esta mesa como una fruta, y él una empanada.

Entre estas cuatro paredes nos abrazamos, besamos, amamos, gritamos, lloramos y reímos. Espacio construido y acondicionado, de a dos.

Soy feliz en el 1ºK. Desde acá creo y me expando, dejo que la luz me abrace y con ella ilumino mis adentros. Sonrío y me siento presente.

Dejo los zapatos en cualquier lado y me divierto. Me permito el desorden, y busco el orden.

Tomo un cóctel en la noche. Sola, mientras él me mira. Me siento libre y feliz y deseada.

Los días de dolor lloro hasta secarme. Me vacío. Soy terreno fértil para nuevas emociones.

Me encanta el aroma al pan tostado, al café recién hecho, al abrazo transpirado, y a la cena preparada.

Bailo en el 1ºK.

J de Juego

A veces pareciera que me hubiera llenado de reglas para jugar, de instrucciones para sonreír y hasta para permitirme llorar de risa.

Me compliqué lo más simple.

Si yo sabía cómo jugar. Si me encantaba eso de sentarme en el piso, agarrar esto, lo otro y empezar a crear un mundo nuevo.

Si yo me reía sin tapujos, sin siquiera saber qué era elquédirán, si me entregaba al vuelo de principio a fin, si hasta me divertía ordenando lo que había desordenado. Disfrutaba el antes, pensando en qué juguetes iban a ser parte de la danza; el durante, lleno de risas, ansiedad, imaginarios infinitos; y el después, en el que me quedaba soñando con las historias que me había inventado.

jugando con flor

¿Qué pasó con todo eso? ¿Qué hice con mi libertad? ¿Dónde la escondí?

Si no me vas a devolver la sonrisa, entonces mejor no me río. Si no te vas a meter hasta el fondo como yo, mejor ni mojo los pies.

Necesito al otro. Necesito que me digan que voy bien, que les gusta lo que hago, que me aplaudan, que me demuestren que se divierten con lo que hago.

No, ya no juego sola.

Ya no juego.

Ahora hago y deshago al gusto de los demás, esperando que se rían y que decidan venir.

Y si no venís, ¿para qué jugar?

girando
girando

Dulce de leche chileno

Visitamos Chile. Conocimos Santiago y Valparaíso. Todas las mañanas en todos los desayunos de los hostels además de la tradicional opción manteca o  mermelada, había tarritos con dulce de leche. Sabía que junto con nuestro país, Uruguay también era un gran consumidor de dulce de leche, pero… ¿Chile? ¿Chile también?

En seguida me acordé de una canción de la banda francesa Tryo que se llama justamente “Dulce de leche”. Recordé la historia detrás de la canción: uno de los miembros de la banda es chileno expatriado que en 1973 cuando comenzó la dictadura de Pinochet viajó con toda su familia desde Chile a Francia.

En la canción el protagonista relata lo difícil que le fue dejar su patria y aprender a ser francés y hace énfasis en que lo que más extrañaba era lo siemple y cotidiano: la geografía de su país, el olor de las flores, el sabor de la comida, los juegos y, por supuesto, el dulce de leche.

Incluso menciona la causa de su exilio:

Il n’avait pas idée                                                   No tenía ni idea,
Il n’avait pas conscience                                       no era consciente
Comme peuvent marquer                                    De cómo pueden marcar
Les blessures de l’enfance                                    las heridas de la infancia
Une larme à Paris                                                  Una lágrima en París,
Une rose pour Pinochet                                        una rosa por Pinochet
Le temps n’a pas enfoui                                        El tiempo no ha enterrado
Le palais d’Allende                                                el palacio de Allende

En Santiago hicimos la visita de la ciudad con Tour4Tips, un recorrido de tres horas a pie por los principales atractivos de la ciudad. No tiene un costo fijo, uno paga lo que cree que valió el tour. El que hicimos estuvo increíble y en uno de los puntos que visitamos, la casa de gobierno “La Moneda”, nuestra guía Florencia, hija de madre chilena y padre argentino, nos contó con una ferviente pasión los sucesos que ocurrieron el 11 de septiembre de 1973. Aquel día Salvador Allende, el entonces presidente de Chile, murió dentro del palacio —algunas teorías indican que se suicidó, otras que lo mataron— a causa del golpe de estado, que inició la dictadura que durante 17 años estuvo bajo el mando de Augusto Pinochet.

Sobre este tema, Florencia nos recomen dós dos películas chilenas.

La primera es NO, que estuvo nominada al Oscar como mejor película extranjera. Esta película trata sobre la campaña publicitaria del no que se realizó para el plebiscito en 1988 para decidir si Pinochet seguía en el gobierno o no.

no - pelicula

 

Y la segunda es Machuca, que muestra la división social presente en Chile durante la dictadura, a través de la vida de dos niños, uno de clase alta y otro de clase baja.

machuca

Empaca la bikini, ¡nos vamos a Bolivia!

La primera vez que pisamos suelo boliviano fue cuando llegamos a Copacabana en un micro que nos traía desde Puno, Perú. Puno y Copacabana son dos ciudades que están a la orilla del lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo con 3812 msnm. Tanto en Perú como en Bolivia los lugareños dicen que el ‘titi’ es el lugar en el que ellos se encuentran, y el ‘caca’ es la ciudad que está del otro lado del lago.

A pesar de estar ubicadas en un territorio de iguales características, Puno y Copacabana son bien diferentes una de la otra. Puno es una ciudad grande con muchos museos y mercados y el centro está alejado de la ciudad. Las visitas clásicas son a la Isla de Taquiles donde se puede visitar a la comunidad del lugar y las Islas de Uros, hechas enteramente de totora (junco). En cambio en Copacabana, todo está organizado en función del lago: hay excursiones para navegar el Titicaca en barco o en barquitos a pedal con forma de cisne, y también dentro de una pelota inflable cual hamster; una costanera con puestos de comida y bares con terrazas para ver el atardecer. La disposición de Copacabana invita a disfrutar del lago, y eso fue lo que hicimos.

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Nosotros elegimos navegar en uno de los barcos a pedal en forma de cisne
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Vista desde el calvario

La basílica de Copacabana es enorme! Hay una sala dedicada a las vírgenes patronas de cada país con flores debajo de cada una de las imágenes. En el caso de Argentina está la imagen de la Virgen de Luján.

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Basílica de Nuestra Señora de Copacabana

Después de una noche en Copacabana partimos hacia la Isla del Soooool (sí, cantamos; o mejor dicho, canté el tema todo el camino). Luego de casi dos horas de viaje en ferry llegamos al puerto y buscamos el hostal que habíamos reservado, el Willka Kuti Hostal, lo de Freddy, en la parte norte de la isla.

El hostal abrió hace siete meses. Está muy bien puesto, pero todavía le faltan detalles, como las barandas en el primer piso. Lo mejor del hostal es la ubicación envidiable que tiene: ¡está frente al lago! Nos sentamos en la entrada a tomar unos mates mientras veíamos el lago muy calmo y dejábamos nuestra mente volar.

La isla del sol es el lugar ideal para frenar la cabeza y el cuerpo; no hay persona que lo visite y no lamente el poder quedarse unos días más.

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En el camino hacia la parte sur de la isla

Hay un sendero que comunica la parte norte con la parte sur y en el camino hay ruinas de los indígenas que habitaron allí, una mesa hecha de piedra, y una roca sagrada en la que, según dicen, se puede ver el rostro del dios inca Wiracocha. Hay que pagar un bono para cruzar de la parte norte a la sur de alrededor de 10Bs. por persona. Es importante conservar el ticket porque se puede volver a usar en caso de volver a cruzar.

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En total nos quedamos dos noches. El sol salió todos los días, sobre todo a la tarde donde era tal el calor que hacía que pudimos meternos al lago un ratito y solo los pies, porque al estar a tanta altura el agua es muy fría. En las noches, en cambio, llovía siempre. Fue un alivio haber pasado las noches bajo techo; todos los que estaban acampando en la playa lo pasaron muy mal, a algunos incluso se les inundó la carpa y Freddy, el dueño del hostal, fue al rescate.

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En la isla no hay wifi. Freddy estaba chocho con Guille porque habíamos reservado la habitación por internet, y habíamos venido. El hostel lo había armado junto con su hermano. Freddy vive en la isla junto con su mujer y sus tres hijos; todos ellos reciben a los viajeros, les calientan el agua para el mate y comparten lindas charlas. En una de esas conversaciones, mientras tomábamos mate frente al lago, nos compartieron su historia. Ella, Adela, se escondía tímida atrás de Freddy y le pedía a él que nos preguntara si estábamos casados, si teníamos hijos. Nos hablaron de su familia. Muy por lo bajo mencionaron que uno se sus hijos había fallecido. En tan solo unos minutos de charla, ellos y nosotros habíamos compartido nuestros mundos.

Así fue la estadía en la isla. Amanecer con un cielo nublado, volver de la caminata ardidos por un sol que lo quemaba todo. Sacarnos los borcegos, el buzo polar y meter los piecitos en el lago. Rodearnos de arena, comer sandwiches de queso y palta, probar “salchipapas”: salchichas fritas sobre papas fritas, ver vacas y chanchitos caminando por la playa. Nuestro primer contacto con Bolivia fue una lluvia de sensaciones. Nos sentimos abrazados y mimados por Bolivia; tierra que nos es tan ajena y a la vez tan propia.

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El muelle desde salen los barcos hasta Copacabana
Cae el sol
Cae el sol

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Camino del Inca

03 de enero de 2015. Llegó el día. No hay excusas. Por más que me aferre a la cama, me haga la dormida o me esconda adentro del hotel, HOY nos pasan a buscar 6am para comenzar con el Camino del Inca. Ay, ¡quiero! No, ¡no quiero! ¿Y si no logro caminar tanto y tengo que abandonar?

Así fue que con la mochila cargada con ropa y medias y miedos, arranqué a caminar…

Nos reunimos con todo el grupo (24 argentinos —entre los que estábamos Guille y yo—, una pareja de españoles y dos colombianas) y fuimos en unos buses hasta Ollantaytambo. Paramos a comprar provisiones y bastones para caminar, volvimos a los buses y luego de una hora llegamos a Piscacucho en el km. 82 donde comienza el camino. Nos sellaron los pasaportes, presentamos las entradas, y dimos los primeros pasos de los 42 km. que caminaríamos hasta llegar a Machu Picchu.

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¡Hay equipo!

Ya desde el primer día el camino nos hizo saber lo que nos esperaba: lluvias finitas pero constantes, frío, barro.

Detalle del camino
Detalle del camino

El primer tramo fue de unos 6 km hasta llegar al campamento del almuerzo. Ahí repusimos energía con una sopita caliente y un plato de pollo con arroz. Ya con la panza llena y el corazón contento retomamos la marcha hasta el campamento donde pasaríamos la noche. Llegamos, merendamos todos juntos, cenamos y, satisfechos con los 11km que hicimos el primer día, nos fuimos a dormir abrazados de una luna llena que iluminaba todo el valle.

Cortesía de Aítor Lopez: www.hablandomealombligo.es
Cortesía de Aítor Lopez: www.hablandomealombligo.es

Al día siguiente nos esperaba el mayor ascenso del camino: 4215 msnm. Como me había sucedido el día anterior, y volvería a ocurrirme los días siguientes, antes de empezar me invadió una sensación de vértigo muy fuerte. Sentía una mezcla de miedo al camino que íbamos a transitar, ansiedad por no saber si lo podría lograr y también mucha alegría por lo que estaba viviendo.

En momentos como este fue fundamental el apoyo de los guías y los compañeros del camino porque entre todos nos alentamos, nos hicimos reír y ayudó mucho ver que todos estábamos en la misma.

¡Arrancamos! Quería caminar al lado de Guille, pero me costaba seguirle el ritmo, así que lo dejé que se adelantara y yo me fui quedando atrás, caminando tranquila. De pronto me encontré con Agustín y Agustina (Agus&Agus) y Flor, que venían entretenidos charlando y con su sistema propio para el ascenso, los 22 pasos: caminaban 22 pasos y paraban un ratito para respirar, luego retomaban. Me sumé a su grupo, a los 22 pasos y a la buena energía que trasmitían.

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Es increíble cómo va variando el paisaje que se perciben a medida que se va ascendiendo: un bosque encantado, una estepa árida, la cima cubierta de niebla, frío y lluvia…

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Pasito a pasito, escalón tras escalón, ¡llegamos a la cima! Estábamos a 4215 msnm y todo gracias al esfuerzo de nuestro cuerpo.

Warmiwañuska
Warmiwañuska

Me sentí muy pero muy poderosa al llegar arriba, pero esa sensación desapareció después de unos minutos cuando comencé el descenso…. Pensé que había pasado la parte más difícil del viaje y eso mismo me dije “Listo, ya pasó lo peor, ahora a disfrutar”. Pero todo lo que habíamos subido… ¡ahora lo teníamos que bajar! Una bajada eterna de escalones hechos íntegramente de piedras irregulares y resbaladizas a causa de la lluvia que nos acompañó todo el día. Empecé muy bien, cuidando mis rodillas, bajando de frente, de espalda, de costado, tomando precauciones. De a poco me fui quedando atrás yo sola y me invadió una sensación de frustración que me derribó. No quería ser la última, no quería quedarme atrás, no quería que me resultara tan difícil, no quería… No contuve las lágrimas y me dejé llevar, quería estar sola (ahora sí, quería estar sola). Los guías de los otros grupos me animaban a seguir “dale, levantate y seguí, cuando lleguemos al campamento voy a hacer masajes para todos”, la gente me preguntaba cómo me sentía, yo respondía que frustrada. De a poco me calmé, me levanté y seguí caminando. Me reencontré con la guía que estaba unos cuantos metros más adelante y caminamos juntas hasta el final. Creo que saber contener a tus pasajeros es un componente fundamental para ser guía de turismo. En esos cuatro días fuimos todos familia y todos nos apoyamos y nos escuchamos, y así lo hicieron los guías. En el camino que quedaba al campamento fuimos hablando de su vida, de la mía y le pregunté si yo era la persona que más había tardado en hacer el descenso; me dijo que una chica me había robado el record con 7 hs (tenía un problema en la rodilla).

Llegué al campamento… y otra vez brotaron las lágrimas. Mi compañero de ruta y vida me contuvo como nunca (aprendimos mucho los dos de esta experiencia!) y fui a almorzar. Luego de tremenda intensidad solo restaba descansar para el día siguiente.

Así nos recibió el campamento
Así nos recibió el campamento

El tercer día nuevamente amanecimos a las 05 de la mañana con un mate de coca que nos ofrecieron los porters (los encargados de llevar en sus espaldas las carpas, utensillos de cocina, la carpa-comedor, son los héroes anónimos del camino). Nos cambiamos, desayunamos y emprendimos los 16km que teníamos por delante. Este día visitamos templos que estaban al costado del camino y fuimos precalentando para lo que veríamos en Machu Picchu, que visitaríamos al día siguiente.DCIM101GOPRO

3000 escalones...
3000 escalones…

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Almorzamos en un campamento en el camino y luego retomamos la caminata. Nuevamente tuvimos la suerte de ver paisajes increíbles: lagos, montañas… fue mágico!!! Para llegar al campamento donde dormiríamos había un descenso de 3000 escalones, pasando por túneles. Este día también llegué última (ya era un clásico), pero esta vez me acompañó Guille. Llegamos justo para la merienda y como después trajeron la cena, ni nos movimos de la carpa-comedor y nos quedamos charlando con las chicas y con Vicky, una de las colombianas que tenía un libro sobre la interpretación mística de Machu Picchu. Fue ella quien nos dijo que las montañas representan la cara de inca acostado, como si estuviera mirando hacia el cielo.

El cuarto día nos levantamos a las 3am, más temprano que lo habitual porque los porters tenían que tomar el primer tren de regreso a Ollantaytambo. Así que con los ojos todavía cerrados y abajo de la lluvia, nos vestimos, guardamos nuestras bolsas de dormir y fuimos a desayunar. Este día de por sí ya era muy emocionante porque finalmente llegaríamos a Machu Picchu, y como bonus track salió el sol!! No lo podíamos creer, corríamos y saltábamos de felicidad.

¡Hola, Dios Inti!
¡Hola, Dios Inti!
Llegando a la Puerta del Sol
Llegando a la Puerta del Sol

Caminamos hasta la Puerta del Sol, ascendimos y vimos la montañana bajo el sol!

Felices todos en la Puerta del Sol
Felices todos en la Puerta del Sol

Después de admirarla por un tiempo largo, la montaña se cubrió de nubes y nosotros emprendimos el descenso para entrar al parque. Allí nos esperaba una visita de dos horas por los templos, las casas y toda la inmensidad de Machu Picchu.

Nuestra guía, Rossi, nos habló de cómo Hiram Bingham encontró la ciudad perdida de Machu Picchu y la puso en los ojos del mundo. Nos explicó también lo que simboliza la chacana, la mal llamada “cruz andina”.

Luego de la visita fuimos en bus hasta Aguas Calientes donde almorzamos todos juntos y después caminamos hasta la estación donde tomamos el tren, el Inca Trail, que nos llevó de regreso a Ollantaytambo. Fue muy fuerte ver cómo el tren hizo ese recorrido en dos horas, el mismo que nosotros habíamos hecho en cuatro días, pasando por montañas, bosques, lagos y túneles.

En Ollantaytambo nos fueron a buscar en bus y luego de viajar dos horas cantando cumbias y canciones de cancha, llegamos a Cusco. Nos despedimos de nuestra familia de los cuatro días, y volvimos al hotel. Nos recibieron con sonrisas, y nos dieron la llave de la habitación que quedaba en el quinto piso… ¡pero el ascensor llegaba al cuarto piso! Así que con las piernas que apenas nos respondían, y con las mochilas a cuestas subimos el piso que nos quedaba. Esa noche era nuestro aniversario de novios y queríamos salir a comer, pero el cuerpo pedía a gritos descansar, así que eso hicimos, y dejamos el festejo para otro día.

El grupo de los 22
El grupo de los 22
la cara del Inca
la cara del Inca
Ascenso a Huayna Picchu, 'montaña joven'
Ascenso a Huayna Picchu, ‘montaña joven’

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Noviembre explosivo!

Habiendo ya finalizado el mes de noviembre y comenzado el de diciembre, quiero escribir unas líneas sobre toooooooodo lo que viví estos últimos 30 días. Me suele pasar que si no ‘hago un parate’ y reflexiono de lo que me pasó, no me tomo el tiempo que quiero para agradecerle al universo los lindos momentos que me regaló. ¡Qué extraños somos a veces! Dedicamos largo tiempo a quejarnos y enojarnos por lo que no salió bien y aquello que nos hizo sonreir, llorar de felicidad y sentirnos vivos lo dejamos pasar. No quiero actuar así. Considero que todo pasa por algo y agradecer es también una forma de retribuir, de transformar, de generar energía nueva.

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A nivel económico este fue uno de los peores meses del año. Me enfermé y un día no pude ir a trabajar (cuando trabajás como autónomo enfermarte y no poder ir al trabajo a causa de eso te juega en contra), hubo un feriado, que sumado al día del bancario (doy clases en un banco y ese día no trabajó nadie, incluso yo) me partieron al medio. Mi caja registradora no vio dinero ingresarse esos tres días. Por el otro lado, ¡cómo disfruté! Disfruté el dormir todo el día tapadita, que me mimen, que me pregunten cómo estaba; disfruté los dos días libres con mis afectos y disfruté mucho del sol que acompañó esos días.

Empecé el mes en el evento de RedViajAR el 08 de noviembre en el Hotel Pestana en Buenos Aires. Desde las 16 a las 21hs asistí a distintas charlas, todas con el mismo tema: VIAJES. Escuché a Dino y Aldana, los chicos de Magia en el Camino aconsejar al público sobre cómo organizar un viaje largo (6 meses, un año), a Nicolás Apellido-Difícil hablar sobre la importancia de incluir fotos en los blogs y su visita a Egipto durante el golpe de estado que lo mantuvo sin poder salir del hotel, a Julieta Areste y Santiago Torre desmitificando aquello de que ‘no se puede viajar con hijos’, al genial CheToba hablar con mucho humor sobre cómo comenzar un blog (y mantenerlo) y conocí a la super profesional e inspiradora Annie Burbano. No pude estar en ambas salas a la vez (mala mía!) y me perdí la charla de los chicos Juan Pablo Villarino y Lau Lazzarino que según me comentaron, estuvo buenísima. En resumen, el evento fue una enorme inyección de ánimo e inspiración. Me fui contenta por la posibilidad de haber asistido y muy motivada al escuchar sobre cómo cada uno de los bloggeros vive apasionado por lo que hace.

El Festival Escena fue un capítulo aparte. En la hermosísima sala de teatro Vera Vera se montó un espectáculo teatral y coreográfico que tiene como escenario la vereda y la calle sobre la cual se encuentra este teatro. Mientras tanto, los espectadores nos sentamos en la escalera de entrada. La obra duró entre 15 y 20 minutos y es un verdadero lujo que nos dio Buenos Aires. Estén atentos porque si se reestrena, ¡no se la van a querer perder! 

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Además de este espectáculo, asistí a un taller de poesía para dramaturgos. Fue ideal para conocer nuevos poetas y escuchar lo que cada uno de los que asistimos al taller había escrito. La profesora, Nurit, nos comentó de su Librería Mi Casa con libros de autores no tan reconocidos (por ahora) y editoriales independientes, como la de ella. Paso el dato para los que deseen la contacten y se peguen una vuelta por la librería.

Gallery Nights fue otro episodio digno de ser nombrado en mi lista de cosas-que-me-alegraron-en-noviembre. Como dice en su página web, este evento tiene lugar un jueves por mes y es un recorrido por galerías de arte. Yo asistí a la edición de noviembre, en el circuito Retiro, Barrio Norte y Recoleta. Mapa en mano, lentes para ver de lejos, y muchas ganas de disfrutar del arte me acompañaron esa noche, además de un porrón de cerveza que me regalaron en una de las galerías. De todo lo que vi, lo que más me gustó fueron los cuadros de Vito Campanella, el ítalo-argentino surrealista discípulo de Dalí, algunos de nuestro Antonio Berni, varias obras de Benito Quinquela Martín y la muestra del salteño Mariano Cornejo en mi galería preferida del recorrido, la Palatina. Si están con ganas de ir, la última edición del año es el 12 de diciembre a partir de las 19hs en el circuito de Palermo

Continuando con los eventos artísticos, este año fue la primera vez que fui a la Noche de los Museos, y lo más gracioso es que lo que me llevó a ir no fue la idea de visitar los museos sino el hecho de que La Bomba de Tiempo tocaba en la entrada al Museo de Bellas Artes. La Noche de los museos tiene lugar cada noviembre en la ciudad de Buenos Aires y desde las 21hs hasta las 03 todos los museos están abiertos gratuitamente al público y se ofrecen diversos shows. Con el tiempo, esto se fue expandiendo y ahora, además de los museos de la ciudad, se suman los del conurbano como La Noche de las Artes en Tigre y La noche de los museos en Vicente Lopez. Yo vi el show de La Bomba en el Bellas Artes pero no entré al museo y sí entré al hermoso y poco conocido Museo Xul Solar. El evento está increíblemente bien organizado, y como tiene mucha difusión cada año va más y más gente, lo cual genera varias horas de demora al ingresar a los museos. Por eso, yo recomiendo que si no te gustan las concentraciones de gente, evites este evento y visites los museos por tu cuenta otro día, con mayor tranquilidad. Los mayoría de los museos de Buenos Aires tiene entrada gratuita y los que no, son accesibles o tienen un día en particular en el que la entrada es sin costo.   

También anduve por la Bienal de Arte Joven en Ciudad Cultural Konex. Vi la muestra de artes visuales-pinturas, instalaciones artísticas-, cortos de diversas temáticas, recitales en el escenario del patio y en la sala de adentro, y la obra de teatro “Impalpable” con impecables actuaciones, todo GRATIS. ¡Ni la luna llena quiso perderse este evento y salió a deleitarnos con su esplendor! 

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La moda también tuvo su espacio y llegó en forma de una divertida charla con las hermana Rivero, Calu y Marou. Ellas combinaron videos musicales con las nuevas tendencias para hablar de lo que se usa ahora al mismo tiempo que dijeron que lo más importante no es vestirse según las revistas, sino conocerse a uno y ponerse lo que nos haga sentirnos cómodos y felices con nosotros mismos.

Buenos Aires es mi aquí-y-ahora, donde quiero estar. Tal vez este no haya sido el mes más fructífero en los números, pero sí a nivel interno. Rodearme de arte y pasión es lo que me inspira, lo que me hace salir del molde y empezar a ubicarme en otro lado, más mío. 

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Mural de artistas argentinos en la Noche de las Librerías – 30 noviembre

 

Jugar, inventarme, re-inventarme, vivir nuevas experiencias, todas distintas unas de otras. Eclecticismo puro y disfrute, sobre todo MUCHO DISFRUTE.

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Instalación con ‘múltiples técnicas’ en la Bienal de Arte Joven

Veo Veo #6: Encuentro con mi amiga de otro país

Tengo una amiga a la que quiero mucho. Esa amiga vivió cinco años en otra ciudad, en otro país, en otro continente. Pasamos días del amigo, cumpleaños-los de ella y los míos-y demás eventos importantes lejos una de la otra. El año pasado decidió volver a Buenos Aires, al parecer definitivamente, y antes de establecerse finalmente en su ciudad natal, viajamos juntas por España.

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Primera parada camino a Madrid

Fue mi primer viaje internacional sola, primera vez que visitaba el Viejo Mundo.

El plan era llegar a Barcelona, viajar juntas en auto a Madrid, volver a Barcelona y recorrer esta ciudad. Después yo seguiría sola por Europa.

En los cinco años en que ella estuvo viviendo en Barcelona NUNCA, ni una sola vez, visitó Madrid, así que fue la primera vez de ambas en esta ciudad. La mañana en la que partimos desde Barcelona imprimimos una lista con todo  ‘lo que hay que hacer en Madrid’, compramos provisiones para el viaje y salimos.

Nuestra primera parada fue en el pueblo de Zaragoza donde pasamos alrededor de 5 horas y tan solo compramos unas gaseosas para el almuerzo… entramos al Mc Donald’s para ir al baño y usar el wifi (las tradiciones se mantienen cuando uno se va de viaje) y corrimos (literalmente) hasta el auto antes de las 17hs para que no nos cobraran ‘parking’.

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Almuerzo de viajeras con las ‘patas’ en la fuente

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Siesta de verano

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Goya es a Zaragoza lo que El Greco es a Toledo

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Molinos en la ruta Barcelona – Madrid

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¡Llegamos a Madrid!

Llegamos. Encontramos el hostel, pudimos estacionar SIN CARGO el ‘coche’ frente al hostel, la habitación era genial, tenía desayuno y la gente era muy buena onda. En cuanto a nuestro plan de viaje, teníamos una lista.

Mi objetivo no era seguirla al pie de la letra, si no conocer y disfrutar. Mi amiga quería ver TODO lo que habíamos anotado, y aún con el tiempo justo y el pie izquierdo dolorido, logró hacerlo. Yo, por mi parte, abandoné antes de tiempo y me fui a tomar algo a un barcito de la Gran Vía, la Avenida de Mayo española.

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Cuadro de Dalí en el Centro de arte Reina Sofía

Yo soy una fanática de los museos y me encanta verlos casi en su totalidad, puedo quedarme horas adentro mirando cuadros, tomando nota, comparando unos con otros… me fascina. Pensé que esta obsesión iba a generar fricción entre nosotras… pero mi amiga me bancó como la mejor 🙂 Recorrimos los museos y vimos ‘los cuadros que hay que ver según el folleto del museo’ y además yo me di el gusto de ver los no destacados.

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¡Vimos el Guernica en vivo! (No se podía sacar fotos, así que tenemos esta medio movida, de contrabando)

El mismo día del museo recorrimos casi toda Madrid. En un día. Durante el verano europeo. Me bajó la presión cuando paramos a descansar. Mi amiga, mejor dicho, mi compañera de viaje, me cuidó como la mejor y seguimos el paseo.

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En la Plaza Mayor, Madrid

Al día siguiente, y luego de haber pasado dos noches en Madrid, emprendimos el regreso a Barcelona.

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Antes de volver a Barcelona paramos en la bellísima ciudad de Toledo

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Paseamos entre sus calles empinadas y angostas. Un español nos dijo ‘si es subida, es Toledo’

Resultó ser un gran desafío manejar entre las calles de Toledo… si van a alquilar un auto para visitar esta ciudad, tengan en cuenta que cuanto más angosto el vehículo ¡mejor!

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Visitamos el museo de El Greco… IMPERDIBLE. Entre sus obras se destaca una pintura de la ciudad de Toledo en la época de El Greco, los 1500, y una fotografía de la ciudad actualmente.

Volvimos a Barcelona, al barrio Sant Joan Despi, donde estuvo viviendo mi amiga el último tiempo antes de regresar a Buenos Aires. Ahí empezó otra aventura; vivir Barcelona de local, comprar el shampoo en la tienda del pakistaní (igual a nuestros chinos, pero con euros), tomar una cervecita cuando empieza a bajar el sol en el bar de la cuadra…

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La estación del Renfe (tren)

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Mesas de ping-pong en la calle para libre uso.

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La Sagrada Familia. Recomiendo la audioguía, muy útil para entender las interpretaciones que dio Gaudí al diseño de la basílica.

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ASÍ va a quedar cuando se finalice su construcción

Se estima que va a estar completamente finalizada para el año 2026, en la conmemoración de los 100 años de la muerte de su arquitecto, Antonio Gaudí.

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Amanecer en el mar Mediterráneo… último día del viaje

Este encuentro con mi amiga fue mucho más que el viaje en sí mismo.

Fue encontrarme con la Priscila de España, la que se animó a irse a vivir a otro país a los 19, la que  sabe palabras en catalán, la que todos los días tenía una rutina muy diferente al resto de mis amigas y yo, la que tenía una diferencia horaria de cinco horas, la que por mucho tiempo estuvo lejos.

Compartir este viaje con ella fue un encuentro desde otro lado, con otro enfoque, sin horarios ni presiones, tan solo disfrute y charlas interminables acompañadas de mates ruteros.

Encontrarme con ella fue clave para que este viaje tuviera el impacto que tuvo en mí, porque al encontrarme con ella yo me conecté con mi pasado, con mis raíces, con mis sueños, conmigo misma.

 

Veo Veo: “Mapas” y encuentros

No tengo buena relación con los mapas, no los sé usar correctamente; soy tan torpe que muchas veces los agarro al revés y tomo el camino equivocad.

No me siento cómoda con las escalas, ni con tener que calcular las distancias.

Entiendo la utilidad de los mapas, pero me lleva tiempo tomar consciencia de las distancias reales, las vías y caminos.

Por todo esto, creo que por más mapas que tenga encima —porque aunque no me lleve bien con ellos, siempre los tengo encima— me pierdo en todas las ciudades y pueblitos que visito. Y es gracias a esas torpezas y despites míos que me encuentro con vivencias mágicas, edificios históricos cuya existencia desconocía y también, personas a las que pido orientación y me regalan un momento de su vida.

Me da vergüenza sacar el mapa cuando voy caminando; es el claro signo de que soy turista, y peor aún, de que estoy perdida. Si me pusiera en paranoica, pensaría que soy el blanco fácil para que me roben, pero a la vez, es en ese momento cuando la gente se acerca por sí sola a preguntarme si me pueden ayudar y hacen que no me sienta sola.

Recuerdo que cuando estuve en París quería preguntar donde estaba el Palais de la Cité (el que resultó estar en frente mío). Como no sé francés, mi rutina para preguntar algo a alguna persona local era la siguiente: saludar en francés, “Bonjour” (siempre, incluso si fuera de noche, total ya estaba jugada), preguntar en inglés y repetir en español, usar señas y sonreír para caer simpática y que no me sacaran corriendo. Resultó que aquella vez que pregunté sobre el Palais de la Cité, el que me ayudó era el mismísimo señor que había diseñado el mapa que yo tenía en la mano! Me contó toda la historia en francés y yo entendí lo que pude. Al señor no le importó si yo no podía meter bocado por no saber el idioma, tan solo quería que lo escuchara.

palais de la cite

En Amsterdam tuve otro episodio con un mapa. Esta vez se trataba de un mapa regalado bajo la lluvia en mi primera noche en esta ciudad.

Reservé el hostel el mismo día que viajaba a Amsterdam. En la web decía que me tenía que tomar cualquiera de las 3 líneas de tram (tranvía) que mencionaba, bajar en una de las paradas y caminar tan solo una cuadra y media para llegar.

Mi desorientación comenzó cuando tomé el tren en el aeropuerto para llegar a la estación central donde iba a tomar el tram. Compré el boleto de tren y me estaba por subir al primero que llegó a la plataforma en la que debía estar, cuando una oficial tocó fuerte su silbato y nos gritó a mí y a varios viajeros más para avisarnos que aquel no era nuestro tren y que si subíamos con el boleto equivocado tendríamos que pagar una multa de 25 euros. Esta mujer prácticamente nos salvó la vida.

Vino el tren correcto, me subí y bajé en la estación central. Salí a la entrada para tomar el tram. Ya era tarde en la noche y llovía. Era la primera vez en todo el viaje que veía llover. Según las indicaciones del hostel, debía tomar la línea 1, 2 o 5. Me senté a esperar cualquiera de los 3 y después de 30 minutos, se me ocurrió preguntar si estaba en el lugar correcto. Obviamente, no lo estaba. Estaba en la plataforma 1 y no esperando el tram 1, si no que allí paraban las líneas 22, 23..

Crucé a la plataforma correcta, tomé el tram que correspondía y bajé donde tenía anotado que debía hacerlo. “Bueno, una cuadra y media. Doblá a la izquierda, y después a la derecha, tan simple como eso.. doblá por acá, ahora por allá…y, ¿dónde estoy?”

Sí, me perdí…DE NUEVO. Caminé para un lado, para el otro, y las gotas caían aún más pesadas y frías sobre mi cabeza y mi mochila. Pregunté por el nombre de la calle donde quedaba el hostel,  Leidsekruisstraat, pero nadie la conocía. Como Amsterdam es una ciudad que recibe mucho turismo, pensé que nadie conocía la calle porque no vivían allí. Entré en un local para preguntarle a algún residente, y nada. A nadie le “sonaba” la calle. Me crucé con dos chicas bajo la lluvia y me regalaron su único mapa…el salvador.

Me tomó un tiempo darme cuenta cómo estaba organizada la ciudad…los canales en el medio, y las calles tienen nombres distintos de un lado y otro del canal. Buenísimo, eso lo hace aún más fácil!

amsterdam 2

Seguí caminando, perdida. Empecé a tener miedo y se ve que mi cara lo reflejaba porque un grupo de chicos me paró para ver si estaba bien. Intentaron ayudarme, pero no conocían la calle. Y así, después de una larga caminata e interrogar a los locales, encontré la calle! y el hostel!

Cada vez que recuerdo esta historia me vuelve la alegría de saber que cuando estoy de viaje, nunca estoy sola. Siempre, siempre, siempre que estoy a punto de llorar y salir corriendo a llamar a mi mamá, el universo me pone en el camino un encuentro mágico, una ayuda, una sonrisa, un empujoncito para llegar a donde tengo que estar.

Para mí los mapas representan eso mismo: son una ayuda, una guía para no sentirme tan perdida.. pero solo funcionan cuando me doy cuenta de eso y los uso a mi favor.

amsterdam

 

 

*¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?