M, de mínimos

Me subo al colectivo, me siento y en seguida empiezo a observar por la ventana.

Algunos amigos en la vereda, charlando, mirando la gente pasar. Una señora paseando al perro, un kioskero fumando en la calle, unos chicos que corren en la vereda. ¿Qué estarán pensando? ¿Se sentirán únicos en el mundo, como a veces me siento yo?

Conocemos la vida de los “grandes”, los escritores, los músicos, los actores, los Premio Nobel, los científicos, los que dejan huella, pero ¿qué hay de los otros?

De los “promedio”, los que transitan la vida sin ser conocidos más allá de su círculo, los que cumplen sus sueños, los que llevan a cabo sus ideas, los que se ríen y hacen reír. ¿Quién va a contar sus historias, quién va a plasmarlas en un libro, en una canción?

Me fascina lo chiquito, lo que no está en boca de todos, lo que yo puedo descubrir.

Estoy llena de relatos de distintas personas, todos importantes. Me ayuda escucharlos, internalizarlos, para valorar el esfuerzo ajeno, para activar el mío, para replantearme mi modo de vida, para ver el escenario desde otro ángulo.

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Medellín, la ciudad verde

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El 99% de las personas a las que les cuento que viajé a Colombia me pregunta por la seguridad.
Medellín, la capital del departamento de Antioquia, es tal vez una de las ciudades más prejuzgadas, y a la vez una de las más maravillosas; es como el secreto mejor guardado.

A pesar de que el gobierno inició una campaña activa para incentivar el turismo haciendo hincapié en que Colombia es un destino seguro, todavía hay muchas personas que tiene miedo de viajar a este país.

Medellín es la segunda ciudad más poblada de Colombia después de Bogotá. Es una ciudad verde, y allí, como en toda Colombia, hay una fuerte conciencia sobre el cuidado del medio ambiente.

Dicen los que saben que es la ciudad con las mujeres más lindas del mundo, y los paisa —gentilicio de los residentes del departamento de Antioquia— recomiendan confirmar este dato en el Parque Lleras, ubicado en la zona de El Poblado. El parque está rodeado de bares, restaurantes y hostels. Es la mejor zona de Medellín para alojarse, ya que sea para salir a la noche, como para disfrutar de los paseos, porque está rodeado de vegetación. Los árboles que predominan son unos hermosos bambúes.

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Existe un enamoramiento inevitable con esta ciudad. Nos pasa a los extranjeros y también a los colombianos. Conocí muchos bogotanos que confesaron que Medellín es su ciudad preferida y hasta tienen un poquito de envidia de que Bogotá no se le parezca. En el hostel en el que nos quedamos había un holandés que había aprendido español viajando por Colombia, llevaba quince días en el hostel y no se podía ir, la ciudad lo flechó.

Los extranjeros que llegan son de todas partes del mundo, les encanta la fiesta que ofrece Medellín —bares y discotecas están abiertos hasta las 5am—, como la buena onda de su gente. Es una ciudad muy libre: mucha gente hace “la previa” tomando unas cervezas en la plaza, se puede caminar tranquilo por sus calles, y hay un movimiento libre de droga. Todo el tiempo veíamos grupos de jóvenes con cajas llenas de paquetes de cigarrillos y golosinas y cuando pasaban por al lado susurraban todo lo que ofrecían. Al principio fue un poco shockeante, fue la primera vez que alguien me quiso vender droga tan abiertamente, sin tapujos. Aunque hay seguridad cuidando el parque, la policía sabe de este negocio y nadie dice nada. Uno elije si se quiere meter o no.

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Esta plaza es el patio de uno de los bares más concurridos

Nuestro bar favorito quedaba en la esquina del hostel, un local de la cervecería artesanal que se llama BBC; Bogotá Beer Company.

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¡Tantas veces fuimos como José!

El “metro” de Medellín es nuestro subte, con la salvedad de que no va debajo de la tierra. Es nuevo y por altoparlantes y a través de carteles, el gobierno “educa” a los pasajeros sobre las normas de convivencia en este nuevo transporte, y da indicaciones de cómo cuidarlo.

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El Museo de Antioquia es de los lugares más hermosos de Colombia. Ahí se encuentra una de las colecciones más grandes del artista Fernando Botero, con una sala dedicada a Pedrito, su hijito que falleció a los 4 años.

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Jugando en la sala de Pedrito. En el espejo podíamos vernos con más volumen

 

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Mandala hecho con pedacitos de las latitas de cerveza y gaseosa

Medellín es esa ciudad que te la cuentan y no la crees. Es tan hermosa y a la vez, tan poco difundida que te hace dudar si de verdad vale la pena como dicen.

Nos quedamos solo tres noches y nos fuimos con ganas de más. Ese es para mí el mejor indicio de que es un buen lugar.

Ni bien aterrizamos en el aeropuerto, preguntamos por la terminal de taxis y un hombre con su mamá nos ofreció compartir el taxi con ellos, así que nos salió la mitad. El camino fue una batalla para ver quién nos recomendaba más y mejores lugares para visitar. “No se vayan sin ver este lugar”, “no dejen de probar esta comida”. Llegamos llenos de alegría al hostel, con el corazón inflado de tanta buena onda. Tenían razón en todo lo que nos habían dicho, cada lugar que visitamos era más lindo que el anterior.

Además del metro, hace poco instalaron el “metro cable” que permite ir hasta lo alto de la montaña. El metro cable es un medio vital para las personas que habitan en las comunas, los barrios pobres de Medellín. Quedamos asombrados del trabajo que hizo el gobierno junto con la gente de las comunas; las calles están asfaltadas y se generaron programas para que los habitantes desarrollen sus habilidades a través de la cultura.

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Uno de los días hicimos un tour sobre la vida de Pablo Escobar, una figura muy polémica para los colombianos. La chica del hostel que nos ayudó a coordinar la excursión se estremecía cada vez que mencionábamos el tema. Nos generó mucha impotencia ser testigos del impacto que tuvo el mayor narcotraficante de Colombia en la sociedad.

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Cuando llegamos al cementerio y visitamos su tumba, nos encontramos con un hombre que había ido con su mujer y sus hijos a dejarle flores en la tumba de su madre. Se aceró a la tumba de Pablo y pensamos que la iba a escupir, como escuchamos que mucha gente hace. Sin embargo, se nos acercó y nos contó que Pablo Escobar y su primo Gustavo habían criado a su madre, y que ella siempre le contaba lo buenos que eran.

La otra cara de la moneda.