Ciudad Perdida

Ciudad Perdida (Lost City Trek, en inglés) es un tour en la selva de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde se visita el sitio arqueológico de los indios tayrona. Fue abandonado durante la llegada de los españoles y redescubierto en 1976 por un grupo de arqueólogos.

Hay alrededor de seis empresas que ofrecen el tour desde Santa Marta; nosotros la hicimos con Turcol, super recomendable. Habíamos reservado la excursión vía mail antes de viajar y una vez en Colombia coordinamos para que nos pasen a buscar por Taganga, en el Hostel La Tortuga, donde nos estábamos hospedando.

La excursión tiene un valor de 700000 COP, en enero 2016 fue el equivalente a unos USD200. Hay posibilidad de hacer el tour en 4 o 5 días, y también en 6 días con un valor un poquito más alto. Nosotros hicimos la de 5 días.

Nos llevaron desde la oficina de Turcol en Santa Marta hasta El Mamey, donde luego de almorzar empezamos a caminar. El primer día caminamos alrededor de 5km entre subidas y bajadas disfrutando de un paisaje increíble. Antes de llegar al campamento paramos en una fosa a nadar en el agua trasparente y rodeados de pececitos.

Al llegar al campamento elegimos nuestras hamacas —cada una con su red para protegernos de los mosquitos, y una manta para taparnos, ya que a la noche baja un poco la temperatura—, nos bañamos, cenamos y luego de tomar unas cervezas nos fuimos a dormir.

Las caminatas empiezan muy temprano, y como en toda Colombia atardece a las 18hs, en seguida se hace de noche. Con el paso de los días empezamos a sentir el cansancio en el cuerpo, así que cada vez nos íbamos a dormir temprano con más facilidad.

El paisaje va cambiando a medida que vamos ascendiendo la montaña. Pasamos por varios ríos y arroyos, cruzamos puentes de hierro y algunos más pequeños de madera, nos cruzamos con vacas y caballos, gente que se nos adelantaba y otros que hacían el camino inverso, ya de regreso.

La segunda noche dormimos en una cama cerrada con mosquiteros. Es un poco más cómoda que la hamaca, pero el colchón había absorbido la humedad, así que el olor no era tan agradable.

El tercer día fue el más duro. Comenzamos con una subida muy empinada que parecía que nunca nunca se iba a acabar. El guía me ayudó con la mochila para que el ascenso me fuera más liviano. Después el camino se hizo plano, y luego vinieron las bajadas. Cruzamos un río donde el agua nos llegaba hasta los tobillos así que todos nos sacamos los zapatos de trekking para no mojarlos. Tuve miedo de tambalear y caerme.

me caí

del susto abrí la mano y se me soltaron los borcegos, que empezaron a nadar corriente abajo.

me apuré y los agarré, sintiendo una mezcla de alivio por el rescate y de incomodidad porque los iba a tener que usar mojados.

El escenario del terror. Yo soy la que está sentada, con la gorra rosa

Luego caminamos unos quince minutos más y llegamos al campamento. Almorzamos, nos metimos al lago y descansamos. Nuevamente dormimos en una cama con olor a humedad.

El cuarto día amanecimos con una felicidad que nos invadió el cuerpo: finalmente íbamos a subir a la Ciudad Perdida.

El plan de ese día era subir hasta Ciudad Perdida y después volver al mismo campamento para almorzar, entonces pudimos dejar las mochilas y emprender la caminata libres de carga. Caminamos unos 25 minutos hasta la escalera y ahí empezamos a subir los 1200 escalones que nos llevarían a la Ciudad Perdida. Confieso que cuando escuché el número de escalones me quise quedar abajo, también confieso que el pie no me entraba en los escalones, y que todos los mosquitos del mundo estaban allá arriba esperando para comernos.

Mil doscientos escalones

Lo que sentí al llegar fue tan mágico y sorprendente que me olvidé del cansancio, de los mosquitos y del calor, y me llené el cuerpo de verde. Arriba todo es de ese color. Son 35 hectáreas de puro verde, de las cuales solo recorrimos 5.

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Nos quedamos un buen tiempo arriba, conectando con la naturaleza, recibiendo con alegría los rayos de sol, y comiendo unos snacks, bajamos hasta el campamento y allí almorzamos. Ese día caminamos hasta llegar al campamento donde habíamos pasado la segunda noche, pero no dormimos en camas (¡menos mal!). Había tanta gente esa noche que no alcanzaban las camas para todo el grupo, así que nuestro guía nos consiguió dormir en hamacas.

El último día fue el más largo. Caminamos desde el campamento donde habíamos pasado la segunda noche hasta el inicio, en El Mamey. Si bien salimos muy temprano, en seguida el sol nos empezó a pegar duro y la caminata se volvió muy pesada.

Como el camino de ida es el mismo que el de regreso, todos nos fuimos sorprendiendo de lo que habíamos caminado los días anteriores: las subidas que ahora eran bajadas, los caminos resbaladizos, los ríos que tuvimos que cruzar, el paisaje.

Al llegar a El Mamey nos esperaba el almuerzo listo y unas cervecitas bien frías para brindar por estos cinco días de caminata y felicidad.

Destacados de la excursión

  • El ascenso a Ciudad Perdida y la recorrida
  • Poder bañarnos TODAS las noches
  • Los ríos en los que nos pudimos meter
  • El grupo maravilloso y el guía que nos tocó. Sin duda hicieron que la experiencia fuera increíble!
  • La comida, super abundante y deliciosa

El recorrido, al igual que toda Colombia, es seguro, y para hacer la excursión no es necesario vacunarse contra la fiebre amarilla. Sin dudas recomiendo visitar Ciudad Perdida, es una forma muy agradable de conocer el norte de Colombia, y de conectar con la naturaleza.

Antes de planear el viaje es mejor chequear con alguna de las agencias que ofrecen el tour, ya que hay un momento en el año en el que cierran el camino durante un mes para la purificación de la montaña. Suele ser entre julio y agosto, pero la fecha varía año tras año.