K de 1ºK

Hace un año y medio que vivo en el 1ºK.

Durante veintiséis años viví con mis papás, mi hermana y mi perro. Hace un año y medio que ya no vivo con ellos. Hace un año y medio que vivo con otra persona, en otro espacio, en otro barrio.

Hace un año y medio que estoy creciendo mucho.

Estoy construyendo un hogar día tras día. Desde mi lugar en el placard, hasta las especias que uso para cocinar. Todo es mío, y de él también. Todo es nuestro. Las mañanas, los desayunos, las risas, los programas que vemos, las canciones que bailamos, los abrazos en la noche, los baños que tomamos.

Todo es compartido, y a la vez individual. Lo veo danzar a su ritmo, a veces lo agarro de la mano y bailamos juntos, otras veces disfruto de sentirlo cerca. Creo y recreo mi danza, mi música, mis letras. No hay líneas fijas que dividan el campo de uno y del otro. En esta silla cuelgo mi ropa, y también la de él. En esta mesa como una fruta, y él una empanada.

Entre estas cuatro paredes nos abrazamos, besamos, amamos, gritamos, lloramos y reímos. Espacio construido y acondicionado, de a dos.

Soy feliz en el 1ºK. Desde acá creo y me expando, dejo que la luz me abrace y con ella ilumino mis adentros. Sonrío y me siento presente.

Dejo los zapatos en cualquier lado y me divierto. Me permito el desorden, y busco el orden.

Tomo un cóctel en la noche. Sola, mientras él me mira. Me siento libre y feliz y deseada.

Los días de dolor lloro hasta secarme. Me vacío. Soy terreno fértil para nuevas emociones.

Me encanta el aroma al pan tostado, al café recién hecho, al abrazo transpirado, y a la cena preparada.

Bailo en el 1ºK.