Camino del Inca

03 de enero de 2015. Llegó el día. No hay excusas. Por más que me aferre a la cama, me haga la dormida o me esconda adentro del hotel, HOY nos pasan a buscar 6am para comenzar con el Camino del Inca. Ay, ¡quiero! No, ¡no quiero! ¿Y si no logro caminar tanto y tengo que abandonar?

Así fue que con la mochila cargada con ropa y medias y miedos, arranqué a caminar…

Nos reunimos con todo el grupo (24 argentinos —entre los que estábamos Guille y yo—, una pareja de españoles y dos colombianas) y fuimos en unos buses hasta Ollantaytambo. Paramos a comprar provisiones y bastones para caminar, volvimos a los buses y luego de una hora llegamos a Piscacucho en el km. 82 donde comienza el camino. Nos sellaron los pasaportes, presentamos las entradas, y dimos los primeros pasos de los 42 km. que caminaríamos hasta llegar a Machu Picchu.

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¡Hay equipo!

Ya desde el primer día el camino nos hizo saber lo que nos esperaba: lluvias finitas pero constantes, frío, barro.

Detalle del camino
Detalle del camino

El primer tramo fue de unos 6 km hasta llegar al campamento del almuerzo. Ahí repusimos energía con una sopita caliente y un plato de pollo con arroz. Ya con la panza llena y el corazón contento retomamos la marcha hasta el campamento donde pasaríamos la noche. Llegamos, merendamos todos juntos, cenamos y, satisfechos con los 11km que hicimos el primer día, nos fuimos a dormir abrazados de una luna llena que iluminaba todo el valle.

Cortesía de Aítor Lopez: www.hablandomealombligo.es
Cortesía de Aítor Lopez: www.hablandomealombligo.es

Al día siguiente nos esperaba el mayor ascenso del camino: 4215 msnm. Como me había sucedido el día anterior, y volvería a ocurrirme los días siguientes, antes de empezar me invadió una sensación de vértigo muy fuerte. Sentía una mezcla de miedo al camino que íbamos a transitar, ansiedad por no saber si lo podría lograr y también mucha alegría por lo que estaba viviendo.

En momentos como este fue fundamental el apoyo de los guías y los compañeros del camino porque entre todos nos alentamos, nos hicimos reír y ayudó mucho ver que todos estábamos en la misma.

¡Arrancamos! Quería caminar al lado de Guille, pero me costaba seguirle el ritmo, así que lo dejé que se adelantara y yo me fui quedando atrás, caminando tranquila. De pronto me encontré con Agustín y Agustina (Agus&Agus) y Flor, que venían entretenidos charlando y con su sistema propio para el ascenso, los 22 pasos: caminaban 22 pasos y paraban un ratito para respirar, luego retomaban. Me sumé a su grupo, a los 22 pasos y a la buena energía que trasmitían.

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Es increíble cómo va variando el paisaje que se perciben a medida que se va ascendiendo: un bosque encantado, una estepa árida, la cima cubierta de niebla, frío y lluvia…

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Pasito a pasito, escalón tras escalón, ¡llegamos a la cima! Estábamos a 4215 msnm y todo gracias al esfuerzo de nuestro cuerpo.

Warmiwañuska
Warmiwañuska

Me sentí muy pero muy poderosa al llegar arriba, pero esa sensación desapareció después de unos minutos cuando comencé el descenso…. Pensé que había pasado la parte más difícil del viaje y eso mismo me dije “Listo, ya pasó lo peor, ahora a disfrutar”. Pero todo lo que habíamos subido… ¡ahora lo teníamos que bajar! Una bajada eterna de escalones hechos íntegramente de piedras irregulares y resbaladizas a causa de la lluvia que nos acompañó todo el día. Empecé muy bien, cuidando mis rodillas, bajando de frente, de espalda, de costado, tomando precauciones. De a poco me fui quedando atrás yo sola y me invadió una sensación de frustración que me derribó. No quería ser la última, no quería quedarme atrás, no quería que me resultara tan difícil, no quería… No contuve las lágrimas y me dejé llevar, quería estar sola (ahora sí, quería estar sola). Los guías de los otros grupos me animaban a seguir “dale, levantate y seguí, cuando lleguemos al campamento voy a hacer masajes para todos”, la gente me preguntaba cómo me sentía, yo respondía que frustrada. De a poco me calmé, me levanté y seguí caminando. Me reencontré con la guía que estaba unos cuantos metros más adelante y caminamos juntas hasta el final. Creo que saber contener a tus pasajeros es un componente fundamental para ser guía de turismo. En esos cuatro días fuimos todos familia y todos nos apoyamos y nos escuchamos, y así lo hicieron los guías. En el camino que quedaba al campamento fuimos hablando de su vida, de la mía y le pregunté si yo era la persona que más había tardado en hacer el descenso; me dijo que una chica me había robado el record con 7 hs (tenía un problema en la rodilla).

Llegué al campamento… y otra vez brotaron las lágrimas. Mi compañero de ruta y vida me contuvo como nunca (aprendimos mucho los dos de esta experiencia!) y fui a almorzar. Luego de tremenda intensidad solo restaba descansar para el día siguiente.

Así nos recibió el campamento
Así nos recibió el campamento

El tercer día nuevamente amanecimos a las 05 de la mañana con un mate de coca que nos ofrecieron los porters (los encargados de llevar en sus espaldas las carpas, utensillos de cocina, la carpa-comedor, son los héroes anónimos del camino). Nos cambiamos, desayunamos y emprendimos los 16km que teníamos por delante. Este día visitamos templos que estaban al costado del camino y fuimos precalentando para lo que veríamos en Machu Picchu, que visitaríamos al día siguiente.DCIM101GOPRO

3000 escalones...
3000 escalones…

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Almorzamos en un campamento en el camino y luego retomamos la caminata. Nuevamente tuvimos la suerte de ver paisajes increíbles: lagos, montañas… fue mágico!!! Para llegar al campamento donde dormiríamos había un descenso de 3000 escalones, pasando por túneles. Este día también llegué última (ya era un clásico), pero esta vez me acompañó Guille. Llegamos justo para la merienda y como después trajeron la cena, ni nos movimos de la carpa-comedor y nos quedamos charlando con las chicas y con Vicky, una de las colombianas que tenía un libro sobre la interpretación mística de Machu Picchu. Fue ella quien nos dijo que las montañas representan la cara de inca acostado, como si estuviera mirando hacia el cielo.

El cuarto día nos levantamos a las 3am, más temprano que lo habitual porque los porters tenían que tomar el primer tren de regreso a Ollantaytambo. Así que con los ojos todavía cerrados y abajo de la lluvia, nos vestimos, guardamos nuestras bolsas de dormir y fuimos a desayunar. Este día de por sí ya era muy emocionante porque finalmente llegaríamos a Machu Picchu, y como bonus track salió el sol!! No lo podíamos creer, corríamos y saltábamos de felicidad.

¡Hola, Dios Inti!
¡Hola, Dios Inti!
Llegando a la Puerta del Sol
Llegando a la Puerta del Sol

Caminamos hasta la Puerta del Sol, ascendimos y vimos la montañana bajo el sol!

Felices todos en la Puerta del Sol
Felices todos en la Puerta del Sol

Después de admirarla por un tiempo largo, la montaña se cubrió de nubes y nosotros emprendimos el descenso para entrar al parque. Allí nos esperaba una visita de dos horas por los templos, las casas y toda la inmensidad de Machu Picchu.

Nuestra guía, Rossi, nos habló de cómo Hiram Bingham encontró la ciudad perdida de Machu Picchu y la puso en los ojos del mundo. Nos explicó también lo que simboliza la chacana, la mal llamada “cruz andina”.

Luego de la visita fuimos en bus hasta Aguas Calientes donde almorzamos todos juntos y después caminamos hasta la estación donde tomamos el tren, el Inca Trail, que nos llevó de regreso a Ollantaytambo. Fue muy fuerte ver cómo el tren hizo ese recorrido en dos horas, el mismo que nosotros habíamos hecho en cuatro días, pasando por montañas, bosques, lagos y túneles.

En Ollantaytambo nos fueron a buscar en bus y luego de viajar dos horas cantando cumbias y canciones de cancha, llegamos a Cusco. Nos despedimos de nuestra familia de los cuatro días, y volvimos al hotel. Nos recibieron con sonrisas, y nos dieron la llave de la habitación que quedaba en el quinto piso… ¡pero el ascensor llegaba al cuarto piso! Así que con las piernas que apenas nos respondían, y con las mochilas a cuestas subimos el piso que nos quedaba. Esa noche era nuestro aniversario de novios y queríamos salir a comer, pero el cuerpo pedía a gritos descansar, así que eso hicimos, y dejamos el festejo para otro día.

El grupo de los 22
El grupo de los 22
la cara del Inca
la cara del Inca
Ascenso a Huayna Picchu, 'montaña joven'
Ascenso a Huayna Picchu, ‘montaña joven’

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