H de historias de vida…

H de historias de vida..

Vida, vivencias, experiencias, relatos.

Siempre me gustaron los libros, obras y películas que tratan de historias de vida de gente, aquellas que permiten una rápida identificación con mi historia personal. Obras realistas y también de estilo costumbrista, donde lo que se muestra es una historia típica que me podía haber pasado a mí, a vos, a tu tía..

Desde chiquita ya me atraían las historias. Algunos dirán que era por chusma, por curiosa, por querer saberlo todo.. yo ahora creo que es porque me fascina ver la forma en que cada uno vive su vida y cómo va sorteando los obstáculos que se le aparecen.

Así como no hay dos vidas exactas, tampoco hay dos historias iguales.

La primera vez que anduve en bici sin rueditas fue con la ayuda de mi papá. Él me había dicho que ya estaba lista, que le sacaría las rueditas a mi bicicleta fucsia y me enseñaría a andar sin ellas. Fue una tarde de fin de semana, en Olivos, con mis calzas fucsias (sí, era mi color favorito) hasta la rodilla, tenía una alegría inmensa que se fundía con el miedo. Una promesa: “no te voy a soltar”. Empezar a andar, feliz de haberlo logrado. Mirar hacia atrás y ver que mi papá ya no me tenía como había prometido. Caerme. Nuevo moretón. Llorar. Enojarme con mi papá. Pero…¡haberlo logrado!

Seguro que a mucho de ustedes les pasó lo mismo cuando hicieron este mismo salto en sus vidas, pero no tenían puesto lo mismo que yo, no era el mismo día, ni tenían a mi mismo ayudante de bigotes que había prometido no soltarme.

Todos nacemos, crecemos, e inevitablemente, morimos. Pero ninguno vive de la misma manera. Cada uno toma de la vida lo que quiere, lo que le sirve, lo que cree que le hace bien. Algunos tienen la dicha de encontrarse a sí mismo y disfrutarse, y otros, lamentablemente, no.

Esa búsqueda, esas vivencias, esos momentos únicos e inolvidables, son lo que me más cautiva de escuchar a las personas.

Tengo miles de historias guardadas que me contaron mis abuelas, mis tíos abuelos, mis papás, mis primos, mis amigos, y gente que no era cercana a mí, pero aún así me regaló su historia

Que una persona te cuente algo íntimo de su vida —sus pasiones, miedos, sueños, alegrías, logros— es un regalo invaluable. ¡Y qué fuerte y motivada me siento al pensar en que puedo poner en líneas lo que recibí de ellos!

Un relato que alguien te cuenta casi al pasar se puede convertir en una gran historia, en un disparador para algo grande…un cuento, un poema, una novela, o tan solo un conjunto de palabras sueltas para que el lector las una por sí solo.

Historias, vida, aprendizaje. Eso es lo que me mueve, y sé que yo quiero estar ahí…escuchando.

 

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