Abu

Gracias por el té, está más rico que nunca.

Me había desacostumbrado a tomarlo con leche. Es que hace mucho que no me venís a visitar, y tu té con leche es tan tuyo.

Volveme a contar esa historia, sí, la de vos y el abuelo. ¿Cómo hicieron para empezar a salir si tu mamá no dejaba de vigilarte? ¿Qué frase te dijo cuando te sacó a bailar? ¿Te gustó en ese momento? ¿Bailaste bien o te pusiste nerviosa? ¿Sonreíste mientras bailaban? ¿Te confundiste en algún paso?

Yo a Guille también lo conocí bailando. En una peña. Un lugar grande, rodeado de gente con sus parejas, familia, amigos. Un clima super cálido y hermoso. Disfruté la noche de principio a fin. Desde que me sacó a bailar perdí la noción del tiempo y espacio. Ya no registraba a la gente, no tuve en cuenta la hora que era.

Ya te lo voy a traer así lo conocés. Pero no lo espantes, no lo avasalles con preguntas, vamos despacito, cocinando el futuro a fuego lento.

Siempre que paso por la esquina de tu casa me dan ganas de tocarte el timbre y subir a visitarte. Sé que siempre me estás esperando con una sonrisa.

¿Cómo venís con los crucigramas? ¿Se hacen más fáciles allá arriba? Seguro que estás rodeada de viejos que te ayudan.

No, bueno, viejos porque han vivido mucho, no, ni ahí, no se te nota ninguna arruga! Vos siempre tan coqueta!

¿Acá también comés galletitas de sémola con mermelada de durazno? ¡Qué cosa! No entiendo cómo no te aburrís de comer siempre lo mismo. Ya sé, ni me digas… arroz gratinado! Obvio! si siempre te encantó cocinarlo y comerlo, obvio.

¿Cómo es la vista desde allá arriba? ¿Se nos ve muy chiquititos o nos ves en detalle?

¿Me ves cuando lloro? Y sí, bueno, de tanto en tanto sirve para liberar.

Yo también quiero que me abraces cuando me siento triste. ¿Por qué ya no me abrazas?

Me acuerdo de tus manos y tus dedos largos cuando me abrazabas. Te extraño.

Quiero acostarme al lado tuyo y que me cuentes historias hasta que me duerma. Levantarme y que estés en la cocina escuchando la radio. Pero que estés en serio! No que estés invisible.

Extraño tus ojos marrones, tu mirada tierna, tu sonrisa tan llena de vida, extraño tu aroma, el ruido que hacían tus pulseras al mover la muñeca, el café que preparabas, tu voz…

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Q, de Qué pretendo no saber

Doy vueltas sobre el tema

Si aparece, lo esquivo con elegancia.

Que otro se haga cargo.

¡Quiero! ¡Sí, yo quiero estar ahí! Pero, para… ¿yo? No, mejor no quiero.

Tal vez si no te lo cuento no te das cuenta de lo que me pasa.

No estoy para nada segura de que pueda hacer esto, pero voy a tratar de que no se note.

Todos me están mirando, mejor me quedo en el molde y no llamo tanto la atención.

Que no se note que soy vulnerable

Por lo que más quieras, que nadie te vea llorar.

Cuida tus palabras, no querés traicionarte y decir algo que no querés revelar

Me conozco a fondo, y aún así por momentos me hago la desentendida.

Qué pretendo no saber es todo lo que ya sé de mí y guardo debajo de la alfombra.

 

P, de poesía

Leo, escribo, siento, sueño, recibo, doy, vibro POESÍA

Versos descontracturados, relajados y desde el alma. Con rima casual, nada de forzarla.

Poesía que me sacude, que me invita a sonreír, a llorar, a extrañar, a dejar ir.

Poesía es animarse a dar el salto. Probar, caminar con los ojos vendados, caerse y reírse de la caída. Es vencer el ‘yo no puedo’. Es mezclar idiomas, texturas, sentires, historias.

Comparto un poema hermoso que escribió mi amigo Bruno cuando estaba de viaje. El poema de por sí es maravilloso y además, tuve la suerte de que me lo recitara en vivo, con los ojos brillosos al recordar todo el camino recorrido.

Dejarse venir

Armar la mochila

Abrazar a la vieja

Subirse a un tren

Mirar el paisaje

Perderse en el viaje

Tocar una puerta

Conocer a un loco lindo

Subir una montaña

Nadar en un río

Andar desnudo

Sentirse salvaje

Vagar un rato

Tener hambre

Sacarse los piojos

Pegarse un baño

Buscar un trabajo

Hacer amigos

Salir de noche

Abrir un vino

Escuchar jazz antiguo

Delirar poesía

Reírse alto

Quedarse dormido

Despertarse en otro lado

Sentirse distinto

Perseguir un instinto

Dedicar tiempo

Arremangarse las ropas

Pisar firme

Enterrarse en el barro

Disfrutar del campo

Silbar cualquier cosa

Excusar un mate

Armar una ronda

Tocar una guitarra

Fumar un tabaco

Celebrar la revolución

Mirarnos a los ojos

Enamorarnos de un plumazo

Sonreír lo simple

Tener hijos

Recibir visitas

Barrer el suelo

Regar las flores

Bailar tambores

Quedar cansados

Hacer silencio

Hacer el amor

Sentirnos satisfechos

Y de vez en cuando

Volver al nido

Abrazar a la vieja

Reencontrarse con amigos

Contar anécdotas

Compartir momentos

Dejarse ir

Dejarse venir.

O de olores

Soy fanática de los olores. Me gusta oler todo, como si esa fuera la primera puerta para descubrir el mundo. Huelo, luego existo.

Me gusta oler la comida antes de comerla, oler el café antes de tomarlo.
Me gusta el olor de mi piel: sentirla limpia, recién bañada, y también sentirla sucia con olor a transpiración después de hacer ejercicio o después de un día largo de trabajo.

El olor del otro me fascina. Me vuelve loca la idea de que cada uno de nosotros tenemos un único olor en la piel y que nos pertenece. El olor de mi piel es muy parecido al de mi mamá, incluso ahora que ya no vivimos juntas, cada día que pasa siento que huelo más parecido a ella.

Me encanta oler a las personas y sentir su olor en todos sus objetos. La ropa, la almohada donde apoya la cabeza todas las noches, la cartera.

Amo el olor del otro cuando lo tengo cerca, el olor que me queda en el cuerpo después de darle un lindo abrazo, el olor antes de un beso, el olor después de hacer el amor, la presencia del otro en mí.

Me encanta poder sentir y percibir tantos olores, tan diferentes uno del otro, me disparan distintas sensaciones, la tranquilidad de sentir un hogar limpio, la comida casera, las flores del jardín de mi abuela, la piel de los bebés .

 

N, de narración

Siempre que tenía que escribir composiciones en mi clase de inglés elegía escribir historias. ‘Narratives’.

Ya estaba dada la frase inicial y tenía que escribir el resto, o al revés, solo tenía la última frase y tenía que escribir todo lo anterior.

Lo elegía porque me resultaba muy fácil escribir e inventar historias enseguida. Además, me divertía crear un universo nuevo mientras estaba sentada en la silla en instancia de examen.

Mi cabeza no para de narrar. Crea historias, imagina lo que puede suceder en una situación, en mi vida, en la de los demás, en la que gente que veo en la calle.

Narrar es crear, es llevar la imaginación al extremo, es traspasar el límite, es ser genuino.

M, de mínimos

Me subo al colectivo, me siento y en seguida empiezo a observar por la ventana.

Algunos amigos en la vereda, charlando, mirando la gente pasar. Una señora paseando al perro, un kioskero fumando en la calle, unos chicos que corren en la vereda. ¿Qué estarán pensando? ¿Se sentirán únicos en el mundo, como a veces me siento yo?

Conocemos la vida de los “grandes”, los escritores, los músicos, los actores, los Premio Nobel, los científicos, los que dejan huella, pero ¿qué hay de los otros?

De los “promedio”, los que transitan la vida sin ser conocidos más allá de su círculo, los que cumplen sus sueños, los que llevan a cabo sus ideas, los que se ríen y hacen reír. ¿Quién va a contar sus historias, quién va a plasmarlas en un libro, en una canción?

Me fascina lo chiquito, lo que no está en boca de todos, lo que yo puedo descubrir.

Estoy llena de relatos de distintas personas, todos importantes. Me ayuda escucharlos, internalizarlos, para valorar el esfuerzo ajeno, para activar el mío, para replantearme mi modo de vida, para ver el escenario desde otro ángulo.

Medellín, la ciudad verde

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El 99% de las personas a las que les cuento que viajé a Colombia me pregunta por la seguridad.
Medellín, la capital del departamento de Antioquia, es tal vez una de las ciudades más prejuzgadas, y a la vez una de las más maravillosas; es como el secreto mejor guardado.

A pesar de que el gobierno inició una campaña activa para incentivar el turismo haciendo hincapié en que Colombia es un destino seguro, todavía hay muchas personas que tiene miedo de viajar a este país.

Medellín es la segunda ciudad más poblada de Colombia después de Bogotá. Es una ciudad verde, y allí, como en toda Colombia, hay una fuerte conciencia sobre el cuidado del medio ambiente.

Dicen los que saben que es la ciudad con las mujeres más lindas del mundo, y los paisa —gentilicio de los residentes del departamento de Antioquia— recomiendan confirmar este dato en el Parque Lleras, ubicado en la zona de El Poblado. El parque está rodeado de bares, restaurantes y hostels. Es la mejor zona de Medellín para alojarse, ya que sea para salir a la noche, como para disfrutar de los paseos, porque está rodeado de vegetación. Los árboles que predominan son unos hermosos bambúes.

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Existe un enamoramiento inevitable con esta ciudad. Nos pasa a los extranjeros y también a los colombianos. Conocí muchos bogotanos que confesaron que Medellín es su ciudad preferida y hasta tienen un poquito de envidia de que Bogotá no se le parezca. En el hostel en el que nos quedamos había un holandés que había aprendido español viajando por Colombia, llevaba quince días en el hostel y no se podía ir, la ciudad lo flechó.

Los extranjeros que llegan son de todas partes del mundo, les encanta la fiesta que ofrece Medellín —bares y discotecas están abiertos hasta las 5am—, como la buena onda de su gente. Es una ciudad muy libre: mucha gente hace “la previa” tomando unas cervezas en la plaza, se puede caminar tranquilo por sus calles, y hay un movimiento libre de droga. Todo el tiempo veíamos grupos de jóvenes con cajas llenas de paquetes de cigarrillos y golosinas y cuando pasaban por al lado susurraban todo lo que ofrecían. Al principio fue un poco shockeante, fue la primera vez que alguien me quiso vender droga tan abiertamente, sin tapujos. Aunque hay seguridad cuidando el parque, la policía sabe de este negocio y nadie dice nada. Uno elije si se quiere meter o no.

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Esta plaza es el patio de uno de los bares más concurridos

Nuestro bar favorito quedaba en la esquina del hostel, un local de la cervecería artesanal que se llama BBC; Bogotá Beer Company.

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¡Tantas veces fuimos como José!

El “metro” de Medellín es nuestro subte, con la salvedad de que no va debajo de la tierra. Es nuevo y por altoparlantes y a través de carteles, el gobierno “educa” a los pasajeros sobre las normas de convivencia en este nuevo transporte, y da indicaciones de cómo cuidarlo.

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El Museo de Antioquia es de los lugares más hermosos de Colombia. Ahí se encuentra una de las colecciones más grandes del artista Fernando Botero, con una sala dedicada a Pedrito, su hijito que falleció a los 4 años.

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Jugando
Jugando en la sala de Pedrito. En el espejo podíamos vernos con más volumen

 

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Mandala hecho con pedacitos de las latitas de cerveza y gaseosa

Medellín es esa ciudad que te la cuentan y no la crees. Es tan hermosa y a la vez, tan poco difundida que te hace dudar si de verdad vale la pena como dicen.

Nos quedamos solo tres noches y nos fuimos con ganas de más. Ese es para mí el mejor indicio de que es un buen lugar.

Ni bien aterrizamos en el aeropuerto, preguntamos por la terminal de taxis y un hombre con su mamá nos ofreció compartir el taxi con ellos, así que nos salió la mitad. El camino fue una batalla para ver quién nos recomendaba más y mejores lugares para visitar. “No se vayan sin ver este lugar”, “no dejen de probar esta comida”. Llegamos llenos de alegría al hostel, con el corazón inflado de tanta buena onda. Tenían razón en todo lo que nos habían dicho, cada lugar que visitamos era más lindo que el anterior.

Además del metro, hace poco instalaron el “metro cable” que permite ir hasta lo alto de la montaña. El metro cable es un medio vital para las personas que habitan en las comunas, los barrios pobres de Medellín. Quedamos asombrados del trabajo que hizo el gobierno junto con la gente de las comunas; las calles están asfaltadas y se generaron programas para que los habitantes desarrollen sus habilidades a través de la cultura.

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Uno de los días hicimos un tour sobre la vida de Pablo Escobar, una figura muy polémica para los colombianos. La chica del hostel que nos ayudó a coordinar la excursión se estremecía cada vez que mencionábamos el tema. Nos generó mucha impotencia ser testigos del impacto que tuvo el mayor narcotraficante de Colombia en la sociedad.

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Cuando llegamos al cementerio y visitamos su tumba, nos encontramos con un hombre que había ido con su mujer y sus hijos a dejarle flores en la tumba de su madre. Se aceró a la tumba de Pablo y pensamos que la iba a escupir, como escuchamos que mucha gente hace. Sin embargo, se nos acercó y nos contó que Pablo Escobar y su primo Gustavo habían criado a su madre, y que ella siempre le contaba lo buenos que eran.

La otra cara de la moneda.

 

Parque Tayrona

Visitamos el parque en enero, que es el mes en el que la mayoría de los colombianos está de vacaciones. Muchos de ellos van a pasar el día, pero algunos llevan la carpa y se quedan a pasar la noche.

El parque, además de ser nacional, es natural y por eso hay varias reglamentaciones para minimizar el impacto de los visitantes. Por empezar, el número de entradas es limitado, solo pueden ingresar 300 personas por día. Como nosotros habíamos decidido quedarnos a dormir en hamacas, hicimos una reserva con Aviatur en el camping Yoluca, que es uno de los más lindos. Por suerte en la reserva teníamos incluida la entrada al parque. El día que llegamos vimos mucha gente que estaba haciendo fila para ingresar y como el cupo ya estaba cubierto, le estaban dando entradas para el día siguiente!!

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El Parque Tayrona ofrece tres opciones de alojamiento:

Camping: algunos alquilan solo el espacio y uno tiene que llevar la carpa y la bolsa de dormir, y otros alquilar el lugar junto con la carpa y la bolsa.

Hamacas: Las alquilan con el tul para protegerse de los mosquitos y un locker para guardar las pertenencias. IMPORTANTE: No incluyen mantas, recomiendo llevar las propias porque a la noche baja la temperatura.

Ecohabs: Son bungalows, la mayoría con vista al mar y, a diferencia de las opciones anteriores, con baño privado.

Hay distintas secciones dentro del parque con distintas playas.

El camping del Yoluca tiene espacio de camping, hamacas y también ecohabs. Es muy lindo y limpio. Los baños comunes son grandes, los sanitarios siempre tienen papel y las duchas tienen agua caliente. Está ubicado en la zona de Arrecifes, donde no está permitido entrar al mar porque hay rocas muy grandes y es peligroso.

La mayoría de los campings ofrece servicio de restaurante donde se puede tomar desayuno, almuerzo y cena, los precios son muy variados. El restaurante del Yoluca es lindo pero contrasta un poco con la vida de camping/hamacas, es más acorde con la onda ecohabs. La comida es muy rica pero los precios no son mochilero friendly. Tienen servicio de agua caliente a un costo similar a $2 argentinos, así que ahí nos encontrábamos todos los argentinos en la mañana buscando agua para el mate.

Hay otros campings hacia el lado de Cabo San Juan que son más económicos y también ofrecen comida, a un precio mucho más bajo. Incluso hay un camping que tiene un kiosko donde se puede conseguir galletitas para el desayuno y golosinas. No hay almacenes dentro del parque, así que las opciones para comer son estos kioskos o restaurantes, o llevarse comida en la mochila.

Tanto en los campings como en la playa hay jugos naturales que son EXCELENTES. Toda la fruta de Colombia es deliciosa, recomiendo probar un jugo diferente cada día, son una locura.

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En Arrecifes no nos podíamos meter al mar, así que todos los días caminábamos a otras playas, como La Piscina, Arenilla y Cabo San Juan. Lejos de ser molesto, el camino entre una playa y la otra es en medio de un bosque, un camino lleno de palmeras, rocas de distintos tamaños y algunas plataformas de madera que colocaron para que el paso sea más sencillo. Cada día es una aventura, caminando entre 20 y 40 minutos en caminos naturales, entre caballos que se alquilan a aquellos que no quieren ir de una playa a la otra a pie.

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Ya sea que te quedes en el camping, en las hamacas o en los ecohabs, en el parque Tayrona se hace vida de resort en el Caribe. Si no estas en los ecohabs, lejos de la comunidad vacacionera y pudiendo elegir a qué hora despertar, es imposible dormir más de las 8 am. El ruido de la gente de alrededor, que abre el locker, que lo cierra, que le comenta al de al lado que se va a lavar los dientes, el nene que se despertó y juega solo mientras los padres se van despertando, el canto de los pájaros, hace que inevitablemente te despiertes. Y la mañana es tan pero tan hermosa que no tiene sentido quedarse remoloneando.

A la mañana se desayuna, se prepara el bolso y se va a la playa.

Al mediodía se para a comer, ya sea en un restaurante o una arepa o un vaso de ceviche en la playa.

Después de comer se vuelve al mar

A las 5pm finaliza el horario de los guardavidas así que ellos mismos avisan a la gente que la playa “se cierra”. Por precaución nadie se puede quedar después de esa hora en la playa.

Se merienda jugo de frutas

Imprescindible y sagrado el momento de la ducha

Se cena temprano. En toda Colombia todo el año atardece a las 6pm, y luego de todo el día en el mar el cuerpo exige descansar.

Se va a la carpa/hamaca/ecohab a leer un ratito y luego dormir.

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